ARIANNA

SANTIAGO DE CHILE, CHILE
Miércoles, 23 de octubre 2019


Extrañamente anoche fue una noche tranquila, eso me dio mucho miedo. ¿Viste las cosas a las que de pronto uno le tiene miedo? al silencio, qué fuerte. 

Cuando comenzó la protesta, yo estaba en el trabajo. La estación a la que yo llego es muy lejos, a la periferia, diría que ya no pasaba nada, pero cuando llegué a Los Libertadores la estaban cerrando. Había ya un montón de pacos (policías) Esa estación es nueva, en lugar de torniquete tiene puertas de vidrio que se abren y se cierran. Yo logré salir, y casi detrás de mí ellos mismos cerraron las rejas del metro y los estudiantes se empezaron a formar. Quería quedarme y al mismo tiempo sabía que si yo me quedaba ahí iban a agarrarme a mí.

Aquí cuando llegas y haces un trámite de la visa lo primero que te hacen firmar es un papelito, de hecho te quedas con copia de eso, que dice que no puedes participar en ningún tipo de protesta ni manifestación política que dañe al Estado chileno o al Gobierno, palabras más palabras menos. 

Ese día tenía que salir a las 4:00pm y si hubiese salido a las 4:00pm me hubiera evitado una cosa, no sé si terrible, pero fue bien duro. Mi compañera de trabajo se sintió mal y tuvo que irse a su casa temprano, le dije: “Ve, yo llamo a mi hijo le digo que me tengo que quedar más rato, llamo a mi hermana para que lo busque. Yo hago tu horario hoy, no hay problema”, y quedamos así. Eso fue a las 4:00 pm y a las 5:00 pm explotó todo. Yo alcancé a llamar a mi hijo y a mi hermana,  de repente estaban rompiendo todas las estaciones de Metro, la gente me empezó a enviar videos donde lanzaban las lámparas del Metro al carril, fue muy rápido, muy muy rápido, ya la gente estaba en la calle protestando. 

Nos dijeron bueno tienen que cerrar la biblioteca, salgan de ahí lo más pronto posible, y nos demoramos un poco porque queríamos cerrar caja, hacer cosas administrativas. Salimos de ahí a las 7:30pm. Mi metro estaba funcionando pero los demás no. Sin embargo, cuando llegué a la estación ya la habían cerrado y yo estaba sola. Para mí fue durísimo porque era primera vez que estaba de ese lado de la ciudad con un clima social así, sin saber cómo irme, siempre había tomado el metro, no sabía cuáles buses o combinaciones hacer, no sabía nada. Uber no me abría y Google Maps tampoco, le avisé a mis compañeros de la biblioteca, me mandaron un Uber 3 veces hasta la estación del metro y no me pude montar en ninguno. 

La estación estaba cerrada pero los Carabineros estaban afuera custodiándola. Se dieron cuenta de que yo estaba esperando un Uber, quizás porque estaba muy asustada, se me notaba, estaba viendo el teléfono a cada rato, estaba cerca de la carretera en un lugar donde no se cruza, era obvio que estaba esperando Uber. Entonces se me pusieron uno de cada lado y cuando llegó un Uber lo pararon, le pusieron multa y no lo dejaron ir, el segundo llegó justo detrás y no me dio tiempo de avisar. Los tenía al lado, mientras uno lo paraba (al Uber) otro estaba viéndome el celular, yo estaba muy nerviosa. Llegó el otro también lo pararon, no lo dejaron ir, le pusieron una multa. Creo que se me notó la angustia y los dos Carabineros empezaron a reírse sin reparo. Estaban muertos de la risa. Justo en ese momento empezó a bajar gente con cacerolas, banderas, a enfrentarlos a decirles que ya estaban cansados de su abuso, venían con un ánimo de confrontación. Ahí me terminé de asustar dije tengo que salir de acá.

Ya eran como las 9 de la noche, pasó una micro hacia qué sé yo cuál dirección pero la tomé, dije si no salgo de acá ahora no salgo nunca. La tomé y la micro al minuto estaba en una autopista y dije: “qué hiciste”. No tenía idea cómo era la vía de un lado o del otro por arriba porque siempre había usado el metro. Cuando terminó la autopista le pregunté al chofer en qué sentido iba la micro y me dijo: “No hija, yo voy a Quilicura”, que era más lejos. Tenía solo para dos pasajes y ya me había gastado uno. Me dijo lo que tenía que hacer, tuve que esperar 40min a que llegara la otra micro, y ya todo el mundo estaba en la calle ahí en Quilicura. 

Mientras estábamos en la micro y veía al chofer pasando por las barricadas pensaba que si bien yo la estaba pasando mal y tenía miedo y frío y era de noche y soy mujer y estaba sola en un lugar donde nunca había estado, y tenía miedo de la policía y de no saber cómo llegar a mi casa, esto era lo que correspondía. Lo que se estaba haciendo era lo que correspondía. 

Entonces ese breve análisis que pude hacer en las 2 horas de viaje me hizo sentir tranquila con el hecho de que yo tenía que pasar por lo que estaba pasando porque mucha gente durante muchos años en este país la ha pasado peor. Y mi hijo y yo lo hemos vivido de primera mano. Uno no habla de esas cosas porque los comentarios son “Bueno aguanta que para eso emigraste” o “Ay a fulanito le va bien”, y no se dan cuenta de lo que hacen los comentarios, pero yo he vivido eso de primera mano. En Chile puedes estar muy bien si eres profesional pero yo tengo un hijo y eso me hace tremendamente vulnerable. 

La micro nos dejó en la Av. Manuel Rodríguez que está a 30 o 40 min a pie de mi casa.  Bajarme fue recordar Venezuela, fue llorar un montón en la vía. Fue recordar Venezuela a nivel de sensaciones, todas las calles oscuras, en cada calle una barricadas encendidas, había gente caminando, casi trotando porque había olor a lacrimogenas, más el humo super denso, y yo venía caminando lo más rápido posible porque sentía que me iban a explotar las cosas encima. Fue  volver a la Venezuela del 2017, esa misma sensación de no respirar, de sentirse como muy desprotegido. 

Había un grupo de haitianos que no sabían dónde estaban y no hablaban español y me dijeron “Santa Rosa” así que los llevé, porque era la vía que yo tenía que tomar, y cuando volteo hacia la avenida se estaba quemando el edificio de Enel, que es la empresa que distribuye la energía eléctrica acá. Se veía esa llama altísima que cubría el edificio. Y bomberos, gente ayudando a los bomberos, y el olor, no podía abrir bien los ojos. Ahí ya estaba a 3 cuadras de mi casa, caminé rápido y llegué bien. 

Me ha costado muchísimo dormir porque los helicópteros sobrevuelan bajito y las tanquetas pasan por mi calle, disparando. Los gritos son horribles. He escuchado gente gritando su nombre y apellido. Hace tres días se llevaron a una muchacha y gritaban “me van a matar, me van a matar”. Me ha costado estar tranquila. Ha sido difícil para todos. 

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