WILSON

MESETAS, META.

Como no hay piedra uno se demora mucho haciendo un hueco. Muchas veces se muere un paciente y ya, mañana por la mañana, hay que enterrarlo. Ese es el problema que hay que tener huequitos para enterrarlos.

Ahorita gracias al señor bendito casi no… cómo le dijera… Casi no hay muertes violentas. La mayoría de muertes son naturales. La edad, el cáncer; matan.

Uy sí hacer huecos con este sol… pero menos mal está haciendo buen tiempito porque cuando llueve… Mire el hueco de allá (señala el fondo con un machete) se me desbarrancó hace días con un aguacero. Ese otro hueco de allá amaneció llenecito. Llovió mucho y todo se volvió barro. Ese de allí lo tengo ahí… si llega un muerto no es sino sacar una piedra que tengo y no es más.

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Los muertos duran enterrados siete, ocho años. Luego hay que meterlos en bóveda, pero de aquí para allá, (rodea todo el terreno con el machete) ya hay tumbas que tienen dieciocho años y veinte.

El otro día vino una señora de Granada, Meta. Quería sacar al papá. Me dijo: “mi papá está acá”. (La punta de su bota toca el terreno) Le pregunté cuántos años tenía de muerto. “Que estaba pequeñita cuando su papá murió”, me respondió. Se veía como de treinta y pico de años la señora.

Hicimos la cuenta. Había sido hace como 27 años. Yo le dije que no creía que hubiese nada. “¡Uy! ¿Cómo así?”, me dijo.

Escarbé aquí (señala con la punta del machete). Luego un poquito para allá (apunta de nuevo) y tampoco. Encontramos solo trapos.

El cajón se pudre… Usted sabe que anteriormente la ropa era muy fina, entonces quedó solo la ropa. Me dio pesar con la muchacha porque imagínese, desde Granada, pero bueno se ahorró los seiscientos mil pesos del osario.

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Yo soy de Mesetas. Antes trabajaba en lo que me tocara, por ahí voleando material, machete. Aquí hay veces que le toca a uno duro pero no es de todos los días. Ahora estoy aquí y me toca desde hacer el hueco en adelante. Me toca mantener limpio el cementerio y hacerle aseo. Esto antes era puro rastrojo. Era un potrero. Le daba el rastrojo a uno hasta por aquí… (Con el dedo índice señala su ombligo).

¿Cuál es su nombre?

— ¡Verdad! No nos hemos presentado.

Mi nombre es Yulieth.

Yo soy Wilson, El Sepulturero.

Muy buena la conversación. Vamos a seguir a tomar un par de fotos.

— ¡Sigan, les doy permiso! Yo la entiendo porque ese su trabajo y toca.

Ese es el trabajo.

Sí, a usted le toca ese y a mí este.

Claro que a usted le toca más suave que a mí.

La verdad sí.

Ese es el destino que le tocó a cada uno.

Por: Yulieth Mora

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