PEDRO y CARO

Argentina

Fue en un restaurante de cerveza alemana, donde yo trabajaba. Una noche me dijeron “Hoy vas a dejar la barra y te pones a cantar”. Cuando estaba cantando, la vi y me equivoqué de acorde. Luego salí a saludar a dar las gracias por haber venido y ahí quedó el primer contacto. Ahora hablamos en español y es tan fácil, pero antes no, y empiezas a leer a las personas de otra forma. Ves sus ojos, otros detalles, la posición del cuerpo. En el español lo derivamos todo a la palabra.

Sí. Nos conocimos en Guatemala, la Antigua. Donde llegan todos los turistas, entre ellos yo, en diciembre 2014. Fui sola y después de un mes o dos vino mi mejor amiga y fuimos a viajar por centroamérica. Sólo sabía decir “Hola” y “Tengo hambre”. Yo esa noche no quería salir al bar, pero fui y dije bueno me pongo a escuchar música. Resulta que él había hecho la ruta que yo iba a hacer y cuando nos conocimos fue así: él me podía ayudar con el viaje y yo podía practicar mi español. Nos mandábamos fotos, le decía mira dónde estoy. El viaje era el pretexto para hablar.

Ella se regresó a Alemania, y de ahí empezaron viajes intermitentes entre Alemania y Guatemala. Esta es la vez que hemos estado juntos por más tiempo. El plan de inicio era mochilear, nos vimos en Panamá, seguimos a Cartagena y en Medellín fue que dijimos queremos viajar de otra forma. Tenemos 11 meses viajando en bicicleta, es una manera de conectarnos más con el viaje. No queríamos sólo pasar de ciudad en ciudad sino enterarnos cómo eran.

Fuimos de Medellín hacia Pereira, Cartago, todo el Valle del Cauca hasta Cali. De ahí tomamos un bus hasta Ipiales que es el último pueblo, una parte andina. Ibarra, Otavalo, Quito. Estábamos sufriendo de altura entonces fuimos a la playa. Luego, Guayaquil, la frontera de Perú por Tumbes, hasta Nazca. Subimos a Cusco en bus. Las bicis las desarmábamos, en Bolivia hay una cultura extrema de viajar con tus cosas. Pasamos a Puno cerca de Titicaca y Copacabana, nos quedamos un ratito. De ahí llegamos a La Quiaca. Lo que separa Argentina de Bolivia. De ahí Tilcara, Jujuy, Salta, Cafayate, Amaicha, El infiernillo, Tafí del Valle, Monteros, La Madrid, El Recreo, hasta Jesús María, ahí probamos la chocotorta y el asado. Comimos y nos quedamos toda la noche, no podíamos hacer más nada que dormir. De Córdoba fuimos a Villa María, Rosario, y en tren hasta acá, a Buenos Aires.

En la bici se nota más cómo cambian los árboles, la gente. Estás a la intemperie, en contacto con todo, te importan las nubes grises, dónde está el sol, si faltan 1 kilómetro o 10 porque eso pesa.

Yo soy la mayor de 3 hermanos, pero mis dos hermanos viven en Estados Unidos, todos estamos lejos. Al principio mi padre era más uh, no, mi hija que no conoce por acá. En cambio mi mamá siempre está soñando con el viaje que hizo a Venezuela en los 80 así que me entiende.

Yo soy el del medio, toda mi familia está en Guatemala. Soy como el primero que se sale de parámetro de nacer y morir en la ciudad. Mi familia decía que era muy peligroso. El ser humano le teme a lo desconocido, y si tu hijo va a estar por ahí en una bici, no tienes control sobre eso.

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Foto: Valeria Trias
Pedro Boche (Guatemala, 30 años) / 
Caro Dennert (Alemania, 27 años)

Al inicio nos sustentamos el viaje con ahorros y luego tomé mi guitarra. Llega un punto en el que se hace eso o se hace. Choca con un montón de fronteras mentales, dices por qué voy a tocar en un bus, en un comedor, no. Pero después te das cuenta cómo la vida de las personas cambia. Llegas tres minutos, le das esa canción, y el rostro les cambia de dolor o aburrimiento a un sí.

De todo el viaje el momento más difícil fue cuando me caí y al otro día me quedó un dolor muy duro. El dolor era horrible, en cada pedaleo me iba quedando atrás y dije no quiero más. Teníamos meses viajando. Hay momentos cuando la ruta es muy dura. Llegando a Quito, en la orilla de la ciudad, eran las ocho de la noche, entre los carros, el tráfico y los brazos que nos temblaban, yo me dije qué estás haciendo con tu cuerpo, te estás exponiendo demasiado.

Lo más difícil también era, según la región, saber si va a llover o a hacer calor, para saber a qué hora salir y hasta cuándo pedalear. Siempre estar atento, los días cambiaron mucho. Va cambiando mucho el paisaje.

También hemos descubierto que es necesario perder el miedo a preguntar. En los países donde a uno le tocó nacer hay muchas construcciones sociales que nos van diciendo cómo ser y yo veo en la sociedad guatemalteca una timidez como casi apenado por lo que se está haciendo: “Disculpe, será que si no fuera mucha molestia me puede pasar la cucharita, por favor”. Piensas que al preguntar estás molestando, y al contrario, al preguntar haces a esa persona parte de tu viaje, se hace parte de tu vida y sigues tu camino.

La bici te ayuda, tiene dos efectos contrarios: primero que se te acercan para socializar y lo otro es la bici en la ruta. Caro va adelante y yo voy atrás siempre, y yo voy en mi mundo interno, viendo las luces, sombras, hay muchas horas de silencio, es una meditación activa. Si estás en la casa te evades, te distraes con el celu, pero en la bici no puedes. Solo piensas en algo, en eso.

He descubierto de mí que quiero dedicarme sin miedo a la música, por ejemplo, hablar, preguntar, esa vocación. Pero más allá de eso, cuando expones tu cuerpo a un cansancio devastador de pronto tienes sed, hambre y no sabes dónde dormir, ahí aflora algo que no es la persona en el confort del sofá. Ahí ves qué persona eres.

Entiendes que el otro también está en un cambio. En una temporada viajamos con un chico de Lima a Nazca y era diferente, porque nosotros ya sabemos cómo somos, pero a él apenas le estábamos conociendo, nos entendimos muy bien pero viajar con alguien más es sumarlo a la ruta. Todo cambia. Es otro viaje el que se hace solo.

Nosotros ya estamos sincronizado, es muy íntimo. Estamos todos los días y todas las horas juntos, el ejercicio es abrirse más a otras personas para que no sea un juego de ping pong. El viajero en solitario busca a alguien para contar algo que le pasó, pero en este caso nosotros ya nos tenemos.

También llevamos un blog, lo hacemos para contarles a mamá o a papá las historias. Pero no tenemos compu entonces es un tema actualizarlo. Viajamos con lo elemental. Como el viaje no estaba pensado en bici dejamos la mitad de la maleta. Regalamos cosas en la carretera a niños o señores. Viajamos con Google Maps, con eso es suficiente. En las ciudades como que te pierdes, pero si sólo es una ruta a algún lado vas a llegar.


TIPS de Pedro y Caro: 

Para viajar sólo hay que hacerlo. No necesitas ser un atleta para ir en bici. Lleva una carpa de 4 estaciones, va a pesar pero vas a dormir bien, no te mueres de frío y puedes colocarla en todos lados. Lleva una cocina de gas, en las gasolineras te regalan la gasolina porque es tan poco que dicen llévatelo y te dura dos semanas. Mete la ropa en bolsas separadas para los olores de la ropa sucia. Y evalúa previamente qué servicio puedes brindar en los lugares que visitas. Es un bonito ejercicio saber qué tienes para darle al mundo.

 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Urcullu dice:

    Bella descripción de unas personas interesantísimas. Una caricia para los ojos y un recreo para la mente.

    Me gusta

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