ÁNGEL

PASTO, NARIÑO. COLOMBIA

Yo soy Ángel, Luis Ángel. Algunos me dicen care plato. Un amigo policía me puso una vez así, porque yo era blanco y más gordito. Ahora estoy acabado, estoy llevado. Todos los días vengo porque todos los días toca comer. Siempre vengo aquí (Iglesia de San Juan Bautista). La  gente es buena, me colabora, vienen a pedirle a mi Dios y así mismo como mi diosito les da, me dan la limosna.

Soy de Villagarzón, Putumayo, pero radicado aquí en Pasto hace como quince años. Mis padres ya fallecieron. Tengo cuarenta y dos años. Estoy por acá porque en el Putumayo hay mucha violencia, lo otro es que yo soy consumidor de drogas; por eso estoy así.

Me metí en las drogas desde los trece años. Llevo treinta años en esto. He querido dejar pero es un poquito duro, lo dejo un tiempo y vuelvo a recaer otra vez. Yo no pierdo la esperanza. No pierdo la fe. Le pido a mi diosito que algún día me saque de esto, de esta enfermedad; que me la cure. Me quedan mis hermanos. Ninguno lleva el mal ejemplo, yo soy el único de la familia. Ellos pagan su arriendo, viven dignamente trabajan para poder sostenerse, viven en el Barrio Corazón de Jesús.

Yo duermo en un galpón que está abandonado pero ayudo a cuidar ahí con mi animalito… Se llama Toby. Lleva ocho años conmigo. Me lo regalaron desde que tenía un mes de nacido, por él es que me ayudan más… para darle de comer. Toby tiene un hijito, lo tienen los que me lo regalaron.

Foto: Yulieth Mora
Foto: Yulieth Mora

No tengo hijos. Yo tuve mi mujer. Estuve diez años con ella pero más preferí las drogas. Le dejé el camino libre.

Aquí es tranquilo, desde que uno no se meta con nadie no le pasa nada. Robar no me ha gustado, da miedo. No le hago nada a nadie y por eso la gente me estima, a veces me llevan a almorzar por ahí. Me gastan un cuarto de pollo, me regalan arroz chino. Todo está en la forma de llegarle a la gente. Aquí me hablan con respeto, me dicen Ángel. Bendito sea mi Dios que hasta el sacristán me deja pedir acá, en otras iglesias los padrecitos me sacan, no lo dejan a uno. Pachito, el sacristán, a veces me dice que le eche un ojito por ahí, porque él se va a almorzar y llega a las tres.

¿Usted es el Ángel de la iglesia?

Sí. (Sonríe)

Aquí no dejan pedir a nadie. Cada hora pasa un vigilante. A esta hora ya no pasa. (2:00 p.m.) Yo consumo marihuana, bazuco*, bóxer**, alcohol. Nunca me he inyectado, no me gustan las pepas, más que todo me gusta el bazuco. Yo empecé con la marihuana y el bóxer, pero el bazuco es el que lo destruye a uno.

En 2002 fui soldado profesional por tres años en el Putumayo, me tocó en Puerto Asís, La Dorada. Ganaba sueldo… ya estaría pensionado. En esa época había paro armado de las FARC. Todos los días tocaba ‘volearnos’ candela. Nos hostigaban, había combates. Por cada guerrillero que dábamos de baja nos daban un mes de permiso, éramos cuarenta los de la contraguerrilla, una compañía eran doscientos; cuatro pelotones. Yo operaba una ametralladora M249. Me retiré de esa vida y me fui para Cali con un amigo. Hice un curso de vigilante, pero nada. Al final me tocó trabajar como quince días en construcción para poderme venir a Pasto.

Llegué a trabajar aquí para ayudarle a mi papá, pagar el arriendo, conseguir la remesa. Tenía mi mujer. La conocí en el barrio por donde vivo ahora. A ella me la encuentro todos los días, yo la saludo… le digo “buenas tardes”, “buenas tardes”, me responde. Ella tiene dos hijitos, tiene marido y todo. Ya lo que pasó, pasó. Gracias a mi Dios le dejé el camino libre. Ya no sufre ni ella, ni yo. De todas maneras es duro. Tengo que esperar que mi diosito me saque de esto para que me preste otra compañera, me de mi otra costilla. Nunca es tarde para nada.

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*Droga de bajo costo elaborada con residuos de cocaína y procesada con ácido sulfúrico y queroseno. Su consumo produce euforia y placer efímero, lo que causa dependencia. Su uso prolongado causa deterioro neurológico. En Colombia una papeleta de ‘bazuco’ puede conseguirse en mil y tres mil pesos.

**En Colombia: Pegamento. Entre los habitantes  de calle el bóxer es una sustancia inhalante que disminuye la sensación de hambre, a diferencia de la marihuana que estimula el apetito. El bajo costo del bóxer, su venta libre y duración lo hace popular entre los adictos.

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