JESÚS

Quito, Ecuador

No tengo tiempo para tener una relación sentimental con alguien, mi cerebro está 24/7 pensando en trabajo y eso me trae problemas. Quiero salir con alguien, invitar a una chica y ni siquiera tengo tiempo para una estupidez como salir a tomar un café.

Me toca gestionar un negocio propio en otro país que no es el mío, una agencia de marketing digital. Actualmente lidiar con eso me saca totalmente de mi zona de confort: antes tenía un ingreso fijo, pero creo que esa es la cuestión del emprendimiento.

Además, tengo una carga encima: quiero ganar más premios. Tengo 6 o 7 premios de publicidad, pero quiero lograr otros, y para eso necesito encontrar un buen cliente que sea un trampolín.

Cuando tengo un objetivo me involucro 100% y en mi tiempo “libre” estoy pensando siempre en eso. Es algo que pasa en la publicidad en general, que no tenemos tiempo de tener una vida social. Mi cerebro siempre tiene que estar nutriéndose y educándose para que cuando llegue un cliente pueda darle una idea fresca y no se vaya con otra agencia. La publicidad te cambia.

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Renunciar a mi trabajo pasado fue una de esas decisiones difíciles, porque iba a dejar de tener ingreso económico, pasé tres meses pensándolo. Fue así: en noviembre del 2015 salí de Venezuela, me fui a Bogotá, salí del país casi sin plata. Ahí tuve este trabajo en una agencia de publicidad, vivía en la calle 50 con carrera 24 y tenía que trabajar temprano al norte con ese frío. Ahí donde yo estaba, tenía que lidiar con jefes, yo, que toda mi vida he trabajado solo. Salir de Venezuela te obliga a eso. Fue mi primer contacto con el mundo adulto: no tener refrigerador, ni cocina, en un trabajo que no me gustaba, con un sueldo incomprensible. Ahí me di cuenta de que necesitaba tomar una decisión: o seguía siendo infeliz donde no me gustaba, o trataba de ser menos infeliz.

Me metí en LinkedIn. Para ese momento tenía un amigo en Ecuador y por cuestiones de la vida, en enero del 2016 me llega una propuesta de Quito para una empresa de publicidad. Traté de no gastar tanta plata para ahorrar y venirme. Tomé mis tres semanas de sueldo, compré un pasaje en bus a Quito, y cuando voy a cambiar los pesos que me quedan me doy cuenta de que tengo como USD $10. Nada. En ese momento al novio de una amiga, fotógrafo, le pedí cien mil pesos para irme a Quito, no se los he pagado todavía, así que Andrés, perdón. Al cambio tampoco era mucho pero ya tenía el pasaje y me vine. Sin plata, sin comida, sin un lugar fijo a donde llegar porque mi amigo no me podía recibir y con USD $40 en total. Fueron tres meses que me tocó ir a vivir a un barrio súper denso de Quito con un roommate alcohólico que le gustaban demasiado las prostitutas.

Después me fue bien, me mudé al departamento donde vivo ahora, en una buena zona. Tengo un buen trabajo y ahora yo soy el jefe.

En algún tiempo tuve un año de monotonía de trabajo/casa. Conocí chicas, sí, pero nada para tener una relación. Cuando uno repite cosas y no hace nada para cambiarlo, llega la depresión y la ansiedad. De esto me di cuenta hace poco: llegué al punto en que me hice creer a mí mismo que necesitaba la depresión para ser feliz. La glorificaba, creí que estando deprimido me iba a volver una persona más creativa.

En el 2011 me sentí así, mandé a la mierda todo, la universidad, el trabajo, mi familia, terminé una relación de tres años. En ese momento tomé fotos que se volvieron virales en internet y me di cuenta de que se podían hacer cosas sin estar en una oficina y ganar premios y dinero. Esto llegó en un momento depresivo. Pensé que estando deprimido iba a ser más creativo y por ende, más feliz, pero estaba mal. Me estaba haciendo mal.

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Foto: Jesús González

Siempre he sido hijo único, tengo costumbres de solo y no muchas personas saben lidiar con eso. No entienden que me gusta la soledad, que me gusta estar en mi cama un domingo haciendo una entrevista sin necesidad de escribirle a alguien “amor te voy a dejar de escribir una hora porque estoy en una entrevista”, estar explicando.

Yo estoy acostumbrado a estar solo, mis primeros amigos los hice a los 15 o 16 años, yo era el raro del grupo, el pendejo. Mi mamá era súper protectora conmigo y no me dejaba salir, a esa edad es que empecé a hacer amigos. Como no tengo hermanos o primos cercanos estaba solo, aprendiendo Photoshop. Hasta que encontré el amor de mi vida, una cámara. Me la regalaron mis padres en agosto del 2008, en Punto Fijo (Venezuela).

La cámara me transformó, las fotos son como una bitácora personal de las cosas. En mi Instagram hay una evolución de tres años para acá. Quise crear un lenguaje visual. Pasé de “Hola, estoy aquí tomando un trago” a comunicar la situación y el espacio que estaba viendo. Quiero que la gente vea, no busco likes quiero que vea, que tengan curiosidad.

En agosto – septiembre me fui a Baños de agua santa, un pueblo hermoso, a cuatro horas de Quito. Había este paisaje increíble, personas que me recibieron como familia, y me di cuenta de que la infelicidad está en todos los seres humanos. Ellos, que están en un lugar increíble, también tienen sus problemas, sus depresiones, ese viaje fue como: pero si ustedes tienen esta cosa maravillosa. Me di cuenta de que no necesito estar deprimido para ser una persona creativa, sino que cuando llegue la depresión, encontrar cómo drenarla.

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La fotografía me saca del aburrimiento, pero también se transformó en mi manera de ganar dinero. En algún momento dejé la cámara por seis meses, solo hacía fotos publicitarias, entonces tuve que hacer algo para volver a amar lo que me gusta y empecé a salir a la calle, fui a exposiciones de fotografías, galerías, a conocer. Ver que hay personas que se van a la Patagonia 6 meses a transmitirle al mundo cómo es. Una de mis metas es la Patagonia, porque mi relación con los Andes es un amor eterno. Estoy acostumbrado a tener una montaña encima de mí.

Yo no me considero bueno en fotografía, para lo que quiero lograr estoy en 5%, pero siempre con mis amigos les digo que lo que quieran hacer háganlo, no es tan difícil. Mi trabajo me gusta, no me estresa tanto. Prefiero estar creando, haciendo piezas gráficas, buscando nuevas técnicas, a estar en una oficina llenando papeles. Tengo 27 años y no me he suicidado, así que creo que estoy bien. También creo que soy feliz, no como quisiera, pero encontré equilibro emocional. La semana pasada volví a pintar un cuadro después de 15 años y fue como llegar al punto de comodidad de poder pintar en físico, porque yo pinto con luz cuando tomo fotos.

Soy una persona diferente ahora. Hace dos años era un chamo de 25 años que estaba aterrado de la vida porque empezaba vivir solo. Llegué a los 25 años y no sabía lavar ropa, ni lavar el baño. Eso para mí fue, ah, hay que lavar los baños, pero cocinar sí sé y me encanta. También aprendí a lidiar con la soledad y mucha gente no logra alcanzarlo. Hay gente que llega al punto de no soportar 4 meses sin abrazar o besar a alguien, que es algo que se vuelve intolerable, entonces (porque me ha pasado también) salimos con personas equivocadas para cubrir cosas básicas y terminan yendo por la vida diciendo que el amor es una mierda. Cuando son ellos mismos los que se cagan las relaciones.

Yo hace 4 años no me enamoro. Fue de una chica que ahora vive en Madrid. La relación duró poco, por distancia. Pero sí creo que fue la última vez que me enamoré, en ese momento comprendí que no me gusta enamorarme. Me parece que enamorarse es un error, porque la persona que esté a tu lado no va a estar a tu lado toda la vida.

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Foto: Jesús González

No me da miedo, estoy acostumbrado a la despedida. De todas las chamas con las que he salido no hay una que diga quiero enamorarme. No me llega eso. Pero cuando ya me estoy metiendo emocionalmente con la persona, me doy cuenta de que la estoy cagando porque me vuelvo imbécil. El amor vuelve así a la gente. La persona deja de ser la persona que es por tratar de cumplir o satisfacer las necesidades de su pareja.

Algo que entendí es que una relación requiere de drama, de peleas, porque lo veo con mis amigos y sus parejas, son una lucha siempre, y si a mí me molesta algo lo digo y ya pero no hago lío. Como dice mi amiga Ariana yo soy un caso raro. Yo soy un raro. Las relaciones son un sufrimiento, las redes sociales y la comunicación directa, la gente tiene que ser muy paciente o tener la capacidad de adulto para entender que el otro no va a estar las 24 horas al teléfono.

Me gustaría enamorarme ahora, creo que sí, pero yo soy jodido. Cuando quiero darle mi tiempo a la persona, bien, pero soy egoísta con mi tiempo. Estoy dejando de estar solo que es lo único que me gusta, que es mi zona de confort, para lidiar con la otra persona y sus problemas que no me importan. Ese momento llega es después de dos años, para saber si esa persona es la indicada o no. Porque en tres meses no puedes saber. En dos años pasan muchas cosas, ahí ya las personas se conocen al 100%, después de eso está bueno definir si vivir juntos o no.

No estoy molesto con la vida, pero sí con situaciones de la vida. Como el divorcio de mis padres, algo que tengo marcado en mi mente. El concepto de familia para mí no existe, eso de: padre, madre, casa, no es algo que funcionó en mi niñez. Mi concepto de familia son mis amigos, y mi concepto de amor es comprender a otra persona y que tenga la capacidad de soportarlo a uno sin hacer problemas. Saber que yo le puedo dar mi tiempo y esa persona lo va a valorar. Porque el tiempo es dinero. El tiempo es rápido. Mi peor escenario es llegar a los 40 años, tener un trabajo y ser infeliz. Ser un fracasado, es un pánico. La soledad me ayudó a conocerme a mí mismo. Cuando una chama se mete conmigo se encuentra con este monstruo que del estamos hablando.

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