CARMEN

BOGOTÁ, COLOMBIA

Mi nombre es Roquelina del Carmen Feria Nassar pero todo el mundo me dice Carmen o La Costeña. Nací en Corozal, Sucre. He tenido una vida muy triste. Mis papás eran judíos (y jodidos). Eran errantes. Mi papá era de Israel y se pasaron a este lado cuando comenzó la guerra. Después se vinieron para Colombia y me tuvieron a mí, pero cuando yo tenía cinco años mi mamá se murió.

Las que me criaron fueron mis tías, las hermanas de mi mamá, con ellas me fue bien en el aspecto del estudio. Me pusieron en buenos colegios pero yo era tremenda; quemaba los salones. Yo decía que alguna era mi mamá porque yo no conocía a ninguno pero cuando ellas iban al colegio ellas decían: “No, no. Yo soy la tía”. Sí yo era mala. Le mochaba el cabello a los pelados, vivía en la rectoría. Fui creciendo y cada vez hacía cosas más malas.

Con mi primo Manuel trozábamos la cerca con serrucho y nos salíamos. Me decía: “prima usted lleva el cáñamo y me ayuda a amarrar la burra”. Yo le decía: “sí”, y nos íbamos. Mi primo hacía lo que hacía y nos devolvíamos. Al regreso nos daban una pela. Mis tías no eran bobas, sabían a qué íbamos con el cáñamo. Eso siempre ha existido allá. Se llama zoofilia. Allá en la costa que son como depravados sexuales, mis primos se comían hasta las gallinas. Se metían al baño y luego resultaban las gallinas muertas. Yo pagaba todos los platos rotos. Me pegában durísimo.

Una vez nos amarraron al palo del guácimo, a Manuel y a mí. Porque un día se nos dio por coger a un gato y meterlo en la conserva de dulces que hacían en Semana Santa. A nosotros nos encantaba ese dulce y ese año no comimos. Todos comieron. Después nos encontraron riéndonos y escucharon lo del gato. Nos tocó confesar. El pobre gatico se debió deshacer el mismo día en esa panela hirviendo. Mi abuela siempre dijo que íbamos a tener que pagar muchas cosas por la vida de ese gato.

Yo era tremenda, rumbera. Yo vivía metida en la casa de los Zuleta. Fui la novia de Héctor Zuleta y como era virgen (tu sabes que a los hombres les gusta eso) me decía: “¿me lo vas a dar?” y yo le decía: “si me das diez millones te lo vendo”. Un día hizo un toque y se consiguió la plata, pero yo le dije que ahora valía más. Me dijo que era una calienta huevos y mira se murió y yo no le di nada.

Mis tías decían que no me iban a dar universidad, ni nada, que yo había nacido para quedarme con el palo de la escoba y el trapero. Tenía dieciséis años cuando María Teresa y Laurina me llevaron a vivir con ellas a Cartagena. Nunca más volví a Corozal. Duré como cuatro meses en Cartagena y me llevaron a Bogotá. Me consiguieron un cupo en la Universidad El Externado de Colombia. Estudié Economía. Mis tías se quedaron con el pensamiento de que yo había venido a Bogotá a prostituirme. No volví a saber de ellas. María Teresa y Laurina tenían billete. Venían cada mes a verme, a pagar la residencia de estudiante donde me quedaba y a traerme lo que necesitara.

En la Universidad era tremenda. Salía desde el viernes y llegaba los miércoles. La carrera era dura. Yo me tiré Moneda y Banca. Tocó pagar como cuatros millones de pesos para repetir esa materia. Ellas me costeaban todo pero después se normalizó porque acabando la carrera mi papá apareció. Mi papá se encargó de mí, pero yo ya estaba grande, ya no lo necesitaba. Tenía veintitrés años. Nunca vivimos juntos.

Hice mi posgrado en Finanzas en la Universidad del Rosario. Ahí conocí a mi esposo. A Papi. Todos le dicen Papi. Le dije a mi papá que me había cuadrado con un costeño y decía: “los costeños son flojos”. Nunca lo quiso. Decía que bastante había sufrido para que me consiguiera un tipo que no tuviera posición económica. Yo tenía otro novio. Sí dos novios. En la Universidad uno busca su marrano que lo lleve, le compre hamburguesa. Tenía uno rico y uno pobre. Papi era el pobre; con el que me quedé.

A mi papá se lo llevó la guerrilla. Yo quedé sola. Cuando eso, él tenía una operación de corazón abierto y me imagino que de la caminada y el clima, pues eso lo mató. Nos llamaron a decirnos que mi papá se había muerto y que nos entregaban el cadáver si pagábamos quinientos millones de pesos. No quisimos pagar nada. Ahí apareció toda la familia a reclamar lo que había dejado. Apareció un hermano mío, le di la parte que le pertenecía; unos carros.

Ahora trabajo en una constructora. Soy la decoradora de interiores. Soy empírica. Me va bien, de ahí pago la universidad de mi hija. Ella estudia derecho en la Universidad Católica. Hace poco viajó a Argentina para presentar una ponencia. Ella es un genio. Se parece a Papi. Es que Papi es muy inteligente pero él no tuvo quién lo patrocinara. Yo también pinto en una galería. Cuando estoy triste pinto sobre oleo. Mi vida es triste y sigue igual. Nada ha cambiado. Ni Papi, ni mi hija me llaman, cada cual por su lado. Anteayer cumplí sesenta años. Pasé más aburrida porque no me hicieron nada. Nada cambia.

Yo creo que todo se paga porque yo fui mala. Es el resultado de que fui tremenda pero igual todo el mundo me quiere, en todas partes. En mi casa de pronto no me valoran pero afuera me quieren.

Por: Yulieth Mora

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