JULIÁN

BOGOTÁ, COLOMBIA

Juego desde los seis. Mi primo me enseñó. Al principio eran cosas básicas como: “no coja el balón con las manos”. Luego empezamos a jugar con gente grande. Si juego fútbol, lo hago de 10; como James. Si es micro se rotan las posiciones. Tengo dieciséis años. Mi primer equipo se llamó: La trenzas del calvo. Quedamos campeones en el torneo del barrio. Luego cambiamos de nombre a Barça Juniors. Me tocó tapar esa vez. Perdimos por penales. Ahí solo me importaba jugar pero ahora sé que perder duele. Luego me pasé a otro equipo, pero no me metían, así que dejé de jugar por un año y medio. Solo salía a patear al parque.

Un día un amigo me dijo que fuera a jugar a Futsal City. El entrenador me vio y me metieron al torneo Gatorade 5v5. La primera etapa fueron tres partidos en un día. Ganamos todo. Representamos a Bogotá en Cali. Allá casi nos sacan en el primer partido. En el segundo, a uno de nuestro equipo le reventaron la cara con un rodillazo. En la final íbamos ganando pero casi nos empatan. Pitaron y salimos corriendo. Nadie se creía ese momento, íbamos a representar a Colombia en Londres.

Tuvimos varias entrevistas. Jugamos en televisión con Gerardo Bedoya. Salimos en ESPN. Uno no se lo cree; dar un paso tan grande en tan poco tiempo. Teníamos la responsabilidad de representar bien al país. Porque cuánta gente no quería estar en nuestro lugar.

En Londres nos recogió un Mercedes-Benz. En el estadio del Arsenal nos recibió Thierry Henry y Robert Pirès. Nos dejaron recorrer los camerinos, vimos las camisetas de Özil y Ospina. Entramos a la cancha. Ese día boté el pasaporte y el dinero. La maleta se me había quedado en el carro. Al siguiente día el conductor llamó y me devolvieron todo. Esa vez le ganamos a Uruguay, Guatemala, Argentina y República Dominicana. Al otro día ya eran cuartos, semifinal y la final. Era muerte súbita.

En cuartos de final, nos tocó de nuevo con Argentina; íbamos perdiendo (2-0). Les doblamos el marcador (4-2). Nos empezaron a escupir y a pegar. El técnico de ellos hizo terminar el partido. Ganamos pero nos tocaba compartir carpa con Argentina y recién los habíamos sacado. Pasamos cerca y nos volvieron a escupir y a tratar mal.

Después eliminamos a Honduras. Esa tarde era la final. Nos tocaba frente a El Salvador. Íbamos (2-0) ganando. Entré y en el segundo tiempo el balón picó, salté a patearlo y me empujaron, uno de Honduras disparó; hizo gol (2-1). Luego le llega el balón al que yo estaba marcando, yo intento anticiparlo y sigo derecho. Nos hacen otro gol (2-2). Me sacan del partido. Me fui. No seguí viendo. Nos fuimos a penales por mi culpa.

El entrenador dijo: “cobren como quieran” y se metió al baño, se puso unos audífonos y no escuchaba nada. El Salvador pateaba primero. Íbamos igual hasta el quinto cobro. Todos goles. Uno de ellos pateó y nuestro arquero la sacó. Seguíamos nosotros; hicimos gol. ¡Ganamos! El premio era entrar a la Final de la Champions League 2017. Todo el mundo quería estar en ese partido.

Yo estaba feliz pero a la vez triste, de mal genio. Era el partido de mi vida y lo jugué mal. A la hora de la celebración subimos a la tarima y nos acordamos del entrenador. Él había salido del baño y había preguntando quién había ganado, pero nadie hablaba español. Cuando le dijeron que Colombia, él se botó a llorar al piso. ESPN nos entrevistó. Yo no quise hablar estaba ofendido conmigo.

En el hotel el entrenador nos reunió a todos. Quería que cada uno hablara. Yo miraba al piso. Les pedí perdón porque jugué mal. Ellos dijeron que no todos los partidos los había podido jugar bien, que si alguien juega mal para eso está el resto del equipo. Yo había arreglado el partido con Argentina. Y pensé: “sí, hasta los mejores se equivocan”. Me calmé.

Nos regalaron un balón firmado de Messi. Ya lo inflé. Tengo que hacerle una vitrina. Nos llevaron hasta el Millennium Stadium de Gales y el resto vio la final en pantalla gigante. De nosotros, yo le iba al Real Madrid. Los otros le iban a la Juventus. Se acabó el partido y ganó Real. Sonó la canción: Hala Madrid y Nada Más. Fue una experiencia increíble. Salimos del estadio y nos montamos en el bus. Me quedé dormido y cuando me desperté me dijeron que muy cerca de donde estábamos hubo un ataque terrorista; una furgoneta había arrollado a varias personas en el Puente de Londres.

FOTO: gatorade5v5.com
FOTO: gatorade5v5.com

Cuando llegamos a Bogotá mi hermana y el novio me había hecho un cartel. Uno se siente el orgullo de la familia. Estaba satisfecho; lo habíamos logrado. La profesora de inglés ahora me dejó una tarea: tengo que exponer, en ese idioma, en qué zona me quedé y qué lugares conocí: el Big Ben, el Palacio de Buckingham, la rueda esa… Tengo como dos semanas para entregarla. A veces en el colegio me dicen como: “Uy fue a Londres y no se las cree”. Yo no siento que haya cambiado con eso. Sí, di un paso grande pero, no he llegado a donde quiero. Yo quiero ser profesional pero se necesita entrenar y entrenar.

Ya no estoy en el mismo equipo. Ahora estoy en el Racing Fútbol; una escuela. Mi virtud es que tengo talento pero sé que mi obstáculo es la falta de disciplina. Usted puede tener mucho talento pero si cada día no mejora no llega a nada.  Yo creo que todo depende de las decisiones que tome en este tiempo. Si le gano a mis obstáculos me veo jugando en el Manchester City. Antes, sino iba a entrenar me decían que no me apoyaban. A mí me daba igual, con el tiempo uno se da cuenta de que la embarró. Ahora si le hallo la razón a mi hermana.

Me gustaría estudiar licenciatura en deportes o matemáticas, aunque el periodo pasado me tiré tres materias. Estoy en noveno; repitiendo. No me dio duro perder el año por mí, sino por mi mamá. Claro, tengo novia. Llevamos un año y medio. Siempre me apoya. Si no voy a entrenar se pone brava, si me tiro una materia también. Eso es lindo. La quiero mucho.

¿Mi papá? Mi papá está en España. Tuvimos que pedirle un permiso para poder viajar a Londres. Mi hermana y mis tías se encargaron de eso. Eran muchos papeles. Él mandó el papel. Ahí sí disque estaba feliz y orgulloso. Después del viaje me siguió hablando, pero ahora yo no tengo Whatsapp. Él me habla y yo le respondo; de todos modos es mi papá.

 

POR: YULIETH MORA

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