JAVIER

LA FLORIDA, SANTIAGO, CHILE

Me fui de Colombia hace dos años y medio. Decidí hacerlo porque todo se juntó; había terminado un proyecto laboral y una relación y además me habían atracado en Bogotá. Yo quería hacer algo diferente. Pensé seguir estudiando, hacer una especialización, estudiar algo más y bueno; todo se juntó. Elegí Chile porque tengo una amiga acá y era más fácil. Los dos queríamos volver a estudiar y eso me pareció bueno. Huí de Bogotá, me escapé de ver la ciudad solo, lo reflexioné durante diciembre, compré pasajes en enero y viajé en febrero de 2015.

En ese año viví el primer invierno acá. Vivía solo en la comuna Independencia. Compré un calefactor eléctrico y lo usé para temperar la habitación y dormir bien. Con el calefactor dormía a 23° pero cuando salía de la habitación estaba a 2°. Un día madrugué como siempre y en el baño sentí una punzada en el lado izquierdo del pecho. Pensé que era el corazón, que era un ataque, pero pude controlar mi respiración, aunque me quedé con la molestia. Me fui a trabajar.

Pasaron diez días. Trabajé cansado.

Por esos días me venía a vivir a la comuna La Florida con un amigo. Yo seguía fatigado. Rodrigo, mi amigo, me dijo que podía ser neumonía, su papá había muerto de esa enfermedad. Una tarde iba en el metro y sentí que había corrido una maratón, estaba más fatigado. Yo no tenía papeles, tuve que ir a un médico particular. Mi jefe me ayudó a pedir una cita. Me dijeron que tenía neumonía.

Compré los medicamentos. Me hice el tratamiento pero empeoré. Dos días después, me hice una radiografía que me habían recomendado. Me la entregaron rápido. Me llamó el radiólogo y me dijo: <<tiene un pulmón colapsado>>.

El pulmón me estaba oprimiendo el corazón. No entendían cómo estaba de pie. Me fui caminando al hospital que quedaba a un par de cuadras, llegué a Urgencias, llamé a Rodrigo y le dije que tenía un pulmón colapsado, él me aconsejó ir al hospital más cercano de la comuna donde vivimos. Tenía que ir de extremo a extremo en la ciudad. Tomé el metro en Maipú, por la línea 5, casi hasta el final de la línea y busqué el hospital. Llegué a Urgencias, me dieron una camilla, me revisaron y me dijeron <<es de cirugía>>.

Me pusieron anestesia local y una doctora me hizo una fisura en el pecho. Escuché como salía el aire y de repente me dio una tos terrible. Me asfixié. Los practicantes miraban y luego empecé a recuperar el aire. Me pusieron una manguera que estaba conectada a algún lado y eso sacaba los restos de sangre del pulmón. Me mandaron a una sala de recuperación, me los dejaron durante los ocho días que estuve hospitalizado, la primera vez.

Por fortuna llevaba un libro y mi celular. Le contaba a mi familia cómo seguía. En algún momento necesité que me ayudaran y algunos amigos de acá me ayudaron mucho. Salí y a los tres días me dijeron que necesitaba otra cirugía.

Tres días después estaba de nuevo en una sala. Los médicos se ponían sus guantes. Me operó un doctor, tres focos me alumbraban, me dijo que le avisara cuando me sintiera mareado. Ahí me fui.

Desperté. Los médicos dijeron que la cirugía no sirvió tanto. Mi pulmón generó unas burbujitas o bullas, había que eliminarlas todas, tuvieron que sacarlas en una tercera cirugía. Tuve una complicación y casi no me despierto de la anestesia. Estuvieron a punto de entubarme, pero dicen que cuando me iban a poner el tubo en la boca; yo me desperté.

Estuve varios días en la UCI y en la UTI, acá son dos. Cuando hablaba con mi mamá le decía que todo estaba bien, yo seguía súper positivo para que no se preocupan por mí en Colombia. Cuando estaba en la UTI un doctor me dijo que todo estaba muy difícil con las tres cirugías que si no evolucionaba me tenían que hacer una cirugía a ‘pecho abierto’.

Las otras dos habían sido normales. Tuve que esperar un examen que definiera eso. Después de recibir esa noticia supe que si me hacían esa cirugía me moría. Me puse a rezar, tenía miedo de morirme. Le pedí a Dios que me dejara vivir. No quería que mi mamá pasara una cosa así con su hijo lejos.

Luego del examen me dijeron que no me harían la cirugía. Fue la mejor noticia. Me empezaron a pasar de un grado muy crítico a otras habitaciones más cerca de la salida. En el hospital conocí casos de pacientes, me enteraba de historias, aprendí a valorar la vida, aunque nunca he atentado contra la mía, uno aprende a valorar estar vivo.

Pasé días con mangueras conectadas al pulmón. Seguía muy positivo, aunque débil. No comía mucho, tomaba medicamentos, cuando me autorizaron comer me dieron un pescado y casi me pongo a llorar después de no haber comido nada por muchos días. Recé mucho, seguí recuperándome. Recibía visitas, pero les decía que no le dijeran a mi mamá que todo estaba tan grave. Sin embargo, le decían, <<Javier se puede morir, mejor viaje a Chile>> para ella debió ser muy difícil.

Mi amiga, la que ya vivía acá, me compró ropa, me quedaba gigante. Me vine para el apartamento. Y mis amigos me ayudaban, pero yo también hacía mi parte. Retomé mi vida paulatinamente. Los primeros días en el apartamento era difícil hasta levantar un brazo. Fue fuerte la recuperación. Aquí hay una palabra que es ‘Apechugar’ y desde que me pasó eso esa palabra me gustó, porque significa ponerle el pecho a las cosas, aunque ahora me toque con medio pulmón.

Me dijeron que no podía viajar en avión hasta dentro de tres meses. Esa era una restricción importante. Exactamente, tres meses después era diciembre, volví a mi país, pero de visita. Regresé a aquí, a Santiago.

Desde siempre uno tiene la idea de volver a su país, es la idea de la mayoría de los inmigrantes, aunque también he hablado con personas que dicen: <<yo jamás volvería a mi país>>, lo dicen con resentimiento por su nación, yo no tengo eso. Uno acá extraña su gente, sus costumbres, en todo momento está pensando en regresar. Yo ahora digo, <<sí, en algún momento volveré>> y eso lo tengo pensado, pero no está definido.

Ahora tengo un trabajo en lo que estudié, me va bien. Compré una moto para llegar a tiempo. Volveré, no sé cuándo. Igual uno viaja con ciertas ideas de alcanzar metas pero no son tan fáciles de conseguir; a veces se alargan un poco, uno tiene que acoplarse. Hasta el momento, volver al país está en mi mente, pero no en mi agenda.

Por: Yulieth Mora

Un comentario Agrega el tuyo

  1. ramrezmike dice:

    Valorar la vida como si por poco se nos fuera de las manos. Mis mejores deseos para Javier. Gracias por esta historia!!!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s