SANTI

San Telmo, Buenos Aires, Argentina

“No sé muy bien qué hacer con la poesía”, dice Santiago, pero sí sabe qué hacer con los libros: los cuida, los restaura, los acoge como un animal herido, los cura, y los exhibe para que algún turista de San Telmo lo lleve a casa. Responde al diminutivo “Santi”, tiene 26 años, es alto, de pelo rizado y corto, tan corto que una vez no tuvo y usó turbante para el frío.

Habla con calma y con gestos. Abraza, aprieta fuerte al cuerpo que rodea, explica todo con las manos y le cuesta quedarse quieto mientras trabaja. Trabajar, por ponerle un nombre. Santi, que dejó el colegio a los 14 años, defiende que todo lo que sabe lo aprendió de los libros, en eso trabaja, con ellos.

Su familia es anticuaria, su padre tiene un puesto en el Mercado de San Telmo, y Santi, que creció rodeado de un tiempo detenido, llegó a los libros y no piensa moverse de allí. El anticuario es una persona que se dedica a comerciar con antigüedades. A su estilo, es el anticuario Santi: extranjero macondiano, que da a estirpes eternas una segunda oportunidad sobre la tierra. Los libros son su medida del tiempo. Trabaja, por ponerle un nombre, con cuatro mesas de ejemplares usados: una mesa de arte, una mesa de literatura latinoamericana, dos mesas de literatura europea y americana. Ahora, además, tres cajas de ofertas.

Santi nunca pasa navidad en Buenos Aires Capital, ni la mayor parte del tiempo. Vive en Bernal rodeado de plantas, donde lee en silencio, con atención. Sólo vuelve al caos los domingos temprano, desde las 9:00am hasta las 6:00pm. Cuatro mesas, tres cajas y ellos dos: Santi y Leandro, al que conoce desde hace 20 años y quien lo ayuda en el puesto que queda en la calle Defensa, entre San Juan y Cochabamba.

Religiosamente al final de la semana, ahí está Santi. De vez en cuando mira al edificio que tiene en frente y cuenta que se pregunta por una amiga que tuvo y que vivía allí, en el departamento 5C. “Hace años no sé de ella, una vez me dijo que se quería ir a París, creo que está allá. Yo todavía le toco el timbre pero no sale nadie”.

 

Por: Paola Soto

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